Veo que la hora no me importa, el dolor sobre los hombros o el hecho de saber que en el día algunas cosas no pasaron de la mejor manera porque la actitud de otros no es la mejor y de seguro la mía no ayuda, igual no importa, sigo escribiendo. Me importa la comprensión que pueda obtener de una persona que es importante, a quien el color de la mañana y de la noche se píntan de otra manera, igual, sigo escribiendo aunque saber de ella me duela en el fondo, donde las cosas pesan como plomo en el agua.
Las letras siguen, son una aventura, la única que se cuela en mis venas, por las cuales existirían los suicidios o los nacimientos. No voy a beber licor porque he perdido una apuesta, siete días sin una cerveza. Las letras mantienen su ocurrencia. En este momento sería adecuado llegar al final de la noche y dormir una cerveza sin consumirse al final, antes de que todo sea oscuro. Las letras siguen piadosas como rosario en madrugada católica.
Escribo, eso se de mí, no otra cosa. No hay más certezas, claro en mis letras viven todos mis errores.
Oscar