Odio a los que sueñan

— Los días pares el reloj va en la mano derecha y los impares en la mano izquierda.  La paridad o su inverso se miden según sea numerado el día dentro del mes en el calendario occidental. 
 
— Vaya dicha absurda la que te conmueve.  Eres de risa.
 
Pedimos un par de copas más y continuamos recreando con tonterías la charla.  Envidié su rostro desde cuando lo ví ebrio de oscuras predicciones aquella tarde de mayo en que nos presentaron.  Siempre tuvo la dicha de conseguir los libros quería, unos atados a su mal habito de robarlos de las bibliotecas y las librerías, otros sobornados en las noches de hechizos sobre las ramas febriles de una prostituta barata que le cedía sus monedas para que él pudiera comprarlos.  En ellos encontré su primer extraño rito.
 
 
Todos sus libros estaban marcados con su nombre en el primer número impar que apareciera en las hojas después del número diez.  En caso de no estar numerado iba entonces su nombre registrado en el número primo más cercano al veinticinco.  Tardé cuatro días buscando entre las hojas dónde estaban marcado su nombre para reconocer la serie que usaba.
 
 
Ya habíamos pedido otras copas cuando el muchacho nos sugirió que fueramos con prisa, llovería demasiado esa madrugada y ellos cerrarían temprano.  Lo vimos con cara de "cierra, nosotros nos quedamos."
 
 
— Estuve invicto de sueños hasta anoche.
 
— Cómo invicto ?
 
 
Encontró una llave de oro, no más de tres centímetros, cuando aún vivía en aquel pueblo lejano en donde creció de niño. En uno de sus lados escrito en español, con letra cursiva, una frase que decía ‘no sueñas’.  Así sucedió desde entonces, ningún sueño pudo recordar y de hecho jamás tuvo la sensación de haberlo hecho.
 
 
La universidad le permitió ir al sicólogo y este le ánimo a hacer una inspección diaria para tratar de sonsacarle a la noche uno de los manifestaciones del subconciente que hubiera podido tener.  No tuvo suerte con esto y más bien asumió que la llave había asegurado sus sueños con algún milenario conjuro.  Ningún sueño recordaba y creía que nunca los había tenido. Antes de la llave era muy niño y no recordaba mucho de aquella época.
 
— Anoche tuve tres sueños.  En ellos había una constante distancia conmigo mismo.  Solo me acercaba a mí mismo para alejarme al mismo tiempo.
 
— Y la llave ?
 
— No la encontré, estuve buscando en donde la guardo siempre.  No aparece.  Busqué centímetro a centímetro en la habitación y nada.
 
— Notaste algo extraño que pueda sugerirte ideas sobre el estado de la llave ?
 
— Nada
 
Salimos después de que me contó que una de las razones para estar bebiendo esa noche era la pérdida de este objeto casi sagrado para él.  Le seguí la charla y lo acompañé un par de calles.
 
— Esta calle es realmente oscura.
 
Lo tomé del brazo con la mano izquierda y con un cuchillo empuñado en la mano derecha le abrí un agujero en el pecho. 
 
Odio a los que sueñan.  Hacen ruido y eso despierta los fantasmas que habitan mi mente.
 

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