Especialmente para tí que recogiste mis letras y las pusiste entre tus lecturas
Ella compra verduras en el supermercado de la esquina, el periódico llega antes de la hora sexta del día y lo lee en pequñas dosis, bebe leche con calcio para ahorrarle a los huesos lo que se gastarán en la vejez, hace ejercicio a diario y conserva un cuerpo sano. Nunca se embriaga y considera tontos a quienes beben a punto de borrachera, va a los parques a tomar aire y sonríe siempre a los ancianos por quienes mantiene gran admiración ya que consideran que son parte importante del mundo.
Ella compra verduras en el supermercado de la esquina, va a cine los fines de semana y siempre consigue una invitación para ir al teatro, lee un libro, por lo menos, cada semana, escribe correos electrónicos, visita a sus amigos, escribe poesías mentales; asunto que no se limita a los algoritmos básicos de conjugación poética en los que caen los escritores, ella va más alla, sus consideraciones poéticas determinan el ambiente dentro del cual ella está en movimiento.
Ella compra verduras en el supermercado de la esquina, utiliza ropa de colores pastel cuando los martes le apremian un miércoles de sabores oscuros. Ama las mudas soledades que hablan con símbolos y odia el silencio que se hace de regaños o furias, no considera incorrecto amar de manera exagerada y tampoco en mínimas instancias, es más, ella solo entiende el amor en bloque, como una montaña que se instala en el paisaje y es montaña sin que requiera una medida.
Ella compra verduras en el supermercado de la esquina, se congela de frío cuando cruza la calle porque le gusta imaginar un invierno en cada acera, cosas que se parecen a juegos de niña, el calor le permite aficiones a la desnudez en su cuarto, solo su cuarto, a donde solo penetran los ojos que ella se permite en el espejo. Una mañana, es inexacto decir que fue en la tarde aunque podría haber una confusión en definir la hora, de todas maneras ella tomo un valde lleno de hielo, pequeños cubos, los llevó a la bañera, y ahí, mientras que el hielo se iba descongelando ella sonreía de pensarse ártica, sí, una mujer ártica que se masturbaba mientras el frío trataba de arrinconarle el deseo y éste se filtraba inpronunciable por sus dedos.
Ella compra verduras en el supermercado de la esquina, también suele hacer parte de este mismo momento el hecho de que en las tardes compre helados, frutas y otras cosas que tienen un fin obligado, de absoluta necesidad, en su vida diaria. Algunas veces el espacio da para una sonrisa con alguien en el lugar o puede darse también que la situación no permita darse esas libertades, cosas de la adultez que prefiere proteger el activo más valioso al cual suele llamarle prudencia.
Ella compra verduras en el supermercado de la esquina, se ve en el vidrio de las vitrinas interiores y reconoce entonces que la altivez de su cuerpo la hace oráculo, será mejor decir tentación y pensamiento adúltero, adolescente obsenidad, o mejor, deseo mediático de quien la mira. Unas veces la timidez la sorprende, otras sonríe de para adentro, cosa difícil a veces, pero se lleva una sonrisa de saberse hermosa.
Ella compra verduras en el supermercado de la esquina, luego va a su casa y sonríe de imaginar a un hombre sentado frente a un monitor escribiendo este texto para cumplirle un capricho que pidió para ser consentida.
Oscar Vargas Duarte