Asegurar los genes

Una pareja de vecinos, hombre y mujer, mayores de edad y en edad de merecer nietos conversaban en el local de mi papá. La señora limpiaba la boca de la botella en cada sorbo, y el señor apenas se percataba del conducto que permitía el viaje del líquido desde el recipiente de vidrio hasta su boca. El punto inicial de la espiral que llegó a mis oídos empezaba con la necesidad social de que su hijo recorriera el camino de la reproducción para ostentar el título de padre, perpetuar sus genes y con ello los de sus progenitores. No lo dijeron en ese tono, fue algo como esto, «Sí, ya la he dicho, ya está para tener hijos, tiene que tener una pareja, nosotros ya estamos viejos, si no es ahora, no conoceremos a ‘los nietos’». Lo de mencionar la palabra en plural sí es exacto, su intención por intermedio de su hijo era tener más de un nieto.

Una vecina, la muchacha que trabaja con su padre en la panadería, quien según dijeron se levanta a las cuatro para acompañar a su padre en la preparación del pan y de los otros artículos que se venden frescos cada día. Realiza muchas de las actividades necesarias en el negocio, además tiene un emprendimiento con algunos de sus amigos y venden utencilios para la cocina creados con plástico reciclado.

Lo siguiente que dijeron me hizo recordar a uno de mis compañeros del colegio, a él le gustaba una mujer con una estatura superior a la suya, la pretendía con obstinación y se mantenía dispuesto a cualquier reto que le permitiera acercarse y comprometerse con ella. No lo decía en chiste, repetía constantemente, «es que toca mejorar la raza, y con ella voy a tener varios hijos»

Pensé en las historias de los antropólogos acerca de algunas tribus que para no sostener ciclos de reproducción entre los de la propia tribu viajaban hasta regiones lejanas para robarse a las mujeres y a los niños, así, los hombres adultos procreaban con mujeres de otros lugares, y cuando los niños crecían podían hacerlo con las mujeres de su tribu.

Dijeron, o no, no lo dijeron de esta manera, lo estoy poniendo en mis palabras, «Ojalá tuviera hijos con esa muchacha, serían buenos críos, esa mujer es trabajadora y buena»

Imagen de Sabine van Erp en Pixabay

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