Pequeños secretos

Pequeños secretos, apenas logrados por el silencio y la prudencia, pesados como corresponde a soledad que los cuida. Así son, y esta tarde uno de esos apareció en la farmacia; yo compraba un protector solar y ella unas pastillas para el dolor de cabeza. Nos dejamos abarcar por los ojos, con la sonrisa ocultándose detrás del gesto con el que nos reconocimos. En ese mismo lugar habíamos comprado una prueba de embarazo que dio negativa, y después de eso nos prometimos cuidarnos, pero ya no fue necesario porque nos distanciamos, sin embargo, callamos ese momento y después fuimos manteniendo nuestra relación en secreto como si de ello dependiera la continuidad traslacional de la tierra en el universo.

La vi adelantarse con un hombre que la abrazaba y jugaba a besarla en el cuello. Me sorprendí haciendo un gesto al recordar que una tarde mientras la tomaba de las manos ella me confesó la excitación producida por esos besos, el temblor que sentía en sus lugares íntimos y el placer adicional producido cuando la besaban así en público. Pasé a la caja, pagué el protector, volví a ver los brazos de su pareja abrazándola y el rostro de él entre su cabello. Imaginé una señal de humedad en su cuerpo y me fui silbando dentro de mí ese secreto.

Saber eso no supone poder o capacidad de conspiración, quizá es un asunto que ella puede comentar con sus amigas, pero a mí me lo contó con el sello que da la promesa de no contarlo a nadie.

Secretos mantenidos entre pocos porque son o fueron parte de una conspiración, aventuras sexuales conservadas en la reserva oscura de la memoria, amantes sostenidos en la palabra muda de los moteles y las desapariciones de casa, secretos para mantenerse en el poder mediante el chantaje y el soborno, esos son los que tienen lugar en los apéndices de la historia y en los álbumes del crimen a la fidelidad. Pero, yo pensaba en pequeños secretos.

Callamos y no le contamos a nadie que olvidamos lavar el arroz con el que preparamos el almuerzo y lo metemos en la bolsa de los secretos que no confesaremos, le damos luz a unas excusas sobre los días en que llegamos tarde a una cita, y llenamos de oscuridad la verdad: nos quedamos dormidos porque bebimos hasta la madrugada.

Pequeñas cosas, guardados sin ser tesoros, cuidadas como si lo fueran.

Imagen de Alejandro Tuzzi en Pixabay

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