Rutas de la memoria

Has vuelto de la cocina con un vaso de agua, son casi las seis de la tarde, un relámpago de proporciones mínimas se forma al mirar de reojo el vaso, eso te conecta con tus pensamientos: desde la ventana le arrancaste un trozo de luminocidad a la calle cuando te sentiste atraída por las sombras formadas por el sol empujando las horas hacia el ocaso, de la piel de tus brazos extraíste un recuerdo al iniciar con tus manos un abrazo con mano propia, en la forma de tus rodilla diste con una memoria en la que te sentías cansada y excitada por haber concluido con un propósito. Elevas el vaso, origina una inundación momentánea en tu boca, solo tu lengua nada en esas aguas. Vuelves al recorrido con tus ojos para ver las líneas en tus manos, encuentras un tejido de encuentros, unos con amigos a quienes les concedes el amor en la distancia, otros más afortunados por compartir momentos estando hombro a hombro con ellos, sitúas tu calendario en un día en el cual extendiste tu corazón dispuesto para las cuatro estaciones, dispuesto para los cuatro puntos cardinales porque te atreverías a sumar aventuras y nuevas rutas de seda a tu vida.

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